Delicado y simpático
Según Bartolomé Mitre, que escribió el primer tratado de historia argentina, Manuel Belgrano tenía una fisonomía bella y simpática. "Su cabeza era grande y bien modelada. La nariz era prominente, fina y ligeramente aguileña. La boca, amable y discreta. Era escaso de barba, no usaba bigote y llevaba la patilla corta, a la inglesa. Belgrano era de una contextura delicada", escribió. El creador de la bandera era rubio, medía poco menos de 1,80 metro y su piel era rosada. Para sus soldados era "el Alemán" (por ser rubio, vestirse "a la europea" y hablar perfecto inglés). Su gran amor fue la tucumana Dolores Helguero. Pero también tuvo un sonado romance con María Josefa Ezcurra, cuñada de Juan Manuel de Rosas, con quien tuvo un hijo.

El final
Pobre y olvidado

Tras las guerras y sus incursiones en el Norte, Manuel Belgrano llega a Buenos Aires a comienzos de junio de 1820, muy enfermo, muy dolorido y muy olvidado. Cargando con la sífilis de su juventud, una cirrosis torturante y un cáncer hepático. Murió el 20 de junio a las siete de la mañana. Ese día los porteños estaban enfrascados en cuestiones políticas. Al funeral asistieron su familia y un par de amigos, entre ellos el doctor Joseph Redhead, a quien Belgrano le legó su reloj porque no tenía dinero para pagarle los honorarios. Ante la imposibilidad de pagar una lápida, uno de sus hermanos cedió el mármol de una cómoda. De muchos próceres se dice que murieron pobres y no es cierto. Belgrano sí murió pobre. Pobre y olvidado.